30 de julio de 2015

IVE y violencia contra las mujeres

Cómo doula he acompañado unas cuantas interrupciones voluntarias del embarazo pero nunca había pasado por una personalente. Mañana hará una semana que interrumpí voluntariamente un embarazo de 6 semanas y 6 días. Método quirúrgico de legrado-aspiración. Anestesia local. Pastilla bajo la lengua. Vía con suero, antibiótico y analgésico. Aborto seguro y gratuito.

Las doulas también abortamos, y las psicólogas, y las amas de casa, y las solteras, y las casadas, y las divorciadas, y las jóvenes y menos jóvenes. Para abortar sólo se necesita ser mujer y estar embarazada sin haberlo deseado. Sobre el segundo factor es sobre lo que me gustaría escribir.

Un embarazo, más allá de lo místico-mágico que queramos verlo, es consecuencia de una relación sexual entre un hombre y una mujer, en la que él ha eyaculado dentro de la vagina de ella. Esto tan evidente y aparentemente poco importante, es doloroso y de una lectura profunda en la sala de espera de una clínica abortiva, dónde se percibe ansiedad femenina, dolor y rabia, miedo tal vez, silencio, secreto y ganas de terminar con algo que nunca debió suceder, pero ha sucedido. Por qué ha sucedido es lo que siento que las mujeres deberíamos analizar juntas. 

Somos nosotras y no ellos, las que nos tumbaremos en la camilla del quirófano, dejaremos que nos aten las piernas y respiraremos profundo mientras el personal médico dilata nuestras entrañas para entrar en la cavidad uterina, lugar oscuro y secreto protegido por el cuello del útero que solo se abre durante el parto y que en esta ocasión será forzado a abrirse para sacar lo que alberga y crece dentro. La experiencia del aborto es físicamente y emocionalmente intensa. No es una experiencia agradable. No admite edulcorantes, ni chistes, ni banalizaciones que no son necesarias para defender un derecho. Y es una experiencia exclusivamente femenina. El famoso “estamos embarazadOs” que no soporto, tal vez un día venga seguido de “hemos abortado lOs dOs”. Pues no…la realidad es que somos nosotras y no ellos las que pasamos por un embarazo y un parto, y somos nosotras y no ellos las que pasamos por un aborto. Es necesario explicitarlo para poder hacer un análisis feminista en condiciones.

En la sala de espera había hombres. Parejas o padres de las mujeres, supongo. A mí me sobraban todos. Ellos mirando sus móviles, leyendo el periódico o mirando con la boca abierta a Shakira en la televisión de la sala, mientras sus compañeras viven su intensa experiencia en su cabeza-útero-corazón, cada una la suya y única experiencia, inabarcable por nadie más, imposible entender para un varón. A mí me acompañó, porque así lo desee, mi querida amiga Elena, que me sostuvo como yo espero ser capaz de sostener a otras, impecablemente durante 5 claustrofóbicas horas. Es difícil estar a la altura y respetar la decisión de interrumpir un embarazo sin minimizar la experiencia; sostener la angustia y las lágrimas sin dramatizar y no restarle un ápice de dolor al mismo tiempo. Esa empatía sólo es posible si se tiene útero. Si se tiene la capacidad de gestar vida. Si se percibe la grandeza de habitar un cuerpo de mujer.

Poder interrumpir voluntariamente un embarazo no deseado, es un derecho que tenemos que defender y no quedarnos embarazadas sin desearlo debería ser lo normal. Es urgente analizar que hay detrás de los embarazos no deseados. En mi caso, hubo un fallo en la ovulación. No esperaba ovular ese día. En otros casos habrá fallo en el método anticonceptivo utilizado. Pero en otros muchos casos hay un deseo masculino que se superpone a un derecho femenino al autocuidado. Para obtener placer sexual las mujeres no necesitamos exponernos a un embarazo. En el cuerpo de la mujer, el placer está separado de la reproducción. No necesitamos que nos penetren con un pene, ni que eyaculen dentro de nuestro cuerpo para llegar al clímax. Detrás de muchas historias de aborto, ha sido el deseo masculino de vivir un momento de placer el que se ha priorizado frente al riesgo de un embarazo no deseado de una mujer. Esto es violencia. Una violencia cotidiana y normalizada.

Minimizar la experiencia de la IVE también es violencia, de ello se deriva cierto relajo en los varones a la hora de usar métodos anticonceptivos y nos seguimos exponiendo las mujeres a pasar por algo, que no hubiese sido necesario de haber priorizado nuestro autocuidado ante su placer.

Las mujeres hemos de retomar espacios para hablar de sexualidad, de nuestra sexualidad. Para desmigajar cada historia de aborto, analizar qué había detrás de cada práctica de riesgo y conocer qué grado de apropiación de nuestro propio cuerpo y placer tenemos sobre nosotras mismas.


La sala de espera de aquel 24 de julio estaba llena de historias de mujeres diferentes. Mujeres que libremente han decidido no ser madres ejerciendo un derecho que debería ser intocable y que defenderé siempre. También hay otra lectura: La sala de espera de aquel 24 de julio estaba llena de historias de mujeres diferentes. Mujeres embarazadas sin desearlo. Un goteo de mujeres. Un goteo por tanto también de hombres que exponen a sus parejas a esta experiencia por su propio placer. De esta vivencia, me quedan muchas cosas que aún tendré que digerir, pero a una semana vista, lo que me queda son dos cosas: la visión aún más lúcida de la carga de violencia que las mujeres soportan en sus cuerpos y el profundo amor y respeto que siento acrecentado por las mujeres, por mis compañeras de planeta. 

17 de febrero de 2015

De dónde salimos las doulas

El ataque que en este momento estamos viviendo las doulas en España pone en evidencia el estado de la cuestión en torno a la libre autonomía y gestión de los procesos de salud de las mujeres, en concreto de los procesos que tienen que ver con nuestra salud sexual y reproductiva.

Las doulas no somos las fundadoras de una secta caníbal habitantes de un planeta lejano que hemos llegado a la tierra a saciar nuestra hambre de placenta. Las doulas como figura profesional tenemos nuestro origen en la misma sociedad que ahora nos ataca. Nos ataca precisamente por las mismas razones que justifican nuestro aparecer en escena: El control que el patriarcado desea ejercer sobre los cuerpos de las mujeres y la capacidad de las mujeres para tejer relaciones que nos permitan vivir más allá de ese control.

Bien es sabido en los circuitos feministas y no creo que sea necesario que profundice ahora en la historia de la obstetricia, que la salud sexual y reproductiva de las mujeres ha sido un ámbito históricamente femenino. Es de sobra conocido que antes de que el conocimiento se recluyese en las universidades, el saber acerca de anticoncepción, aborto, embarazo y parto era un saber acumulado por las mujeres. Cuando se regularon los estudios de obstetricia, este saber genuino nacido de experiencia y cuerpo fue usurpado por los varones, que en el nombre de una ciencia impregnada hasta la médula de ideología patriarcal, ofrecía su visión parcial y patológica sobre un proceso de salud que pretendían controlar. 

A partir de ese momento, muy resumidamente, la visión del cuerpo femenino como un cuerpo con capacidad de engendrar y parir si ese es su deseo se sustituyo por la visión de un cuerpo defectuoso y débil a pesar del cual y gracias al personal sanitario, las criaturas ven la luz del mundo. Y esta es una gran diferencia. Una gran diferencia con un impacto real en las vidas cotidianas de las mujeres embarazadas y de las parturientas con consecuencias graves y profundas en su salud mental, física, emocional así como en su vivencia íntima de la maternidad.

La capacidad de engendrar cuerpos y parirlos, escueza a quien le escueza, es capacidad única y exclusiva de las mujeres. Es bastante probable que haya a quien este hecho no le deje descansar y en su inconsciente este origen femenino de la humanidad le produzca urticaria. Y puede ser que esta molestia solo se vea parcialmente mitigada con la usurpación simbólica y en algunos dolorosos casos, prácticamente real del proceso naturalmente femenino por el que contamos con un cuerpo. De este modo, es bastante habitual que cuando una mujer gestante entra en el circuito médico se inicie una progresiva desvinculación de la mujer con el proceso que ella misma encarna, para poco a poco ir vinculando ese proceso de generar cuerpos con lxs profesionales de la salud que lo controlan. Es en estos casos cuando las mujeres embarazadas son reducidas a un mero contenedor.

Los mecanismos a través de los cuales se lleva a cabo son muchos y el abanico incluye desde prácticas violentas como realizar un tacto vaginal sin pedir el consentimiento a la mujer o sin informarla de la finalidad, o más sutiles como pasar una revisión rutinaria sin ser mirada a los ojos ni una sola vez. Después de todas las pruebas y medidas, la embarazada contará con una carpeta de papeles conocida como “historia del embarazo” con la que tendrá que acudir el día de su parto al hospital para que el personal que asista el nacimiento, conozca con detalle como ha sido la “historia de su embarazo”. El desorden simbólico para las mujeres fruto de esta despersonalización es enorme ya que esa historia del embarazo nada tiene que ver con la historia real y encarnada, tejida de esperanzas, miedos, llantos, dudas, etc. que ha vivido y que no ha sido escuchada ni contemplada como relevante en ninguna de esas decenas de visitas rutinarias a las que sin embargo, se la ha sometido.

Las mujeres que viven este proceso sin ser reconocidas como el centro de la experiencia por parte de quien las acompaña, van interiorizando progresivamente un sentimiento de incapacidad que las infantiliza y anula mientras la figura de la o del profesional sanitario se va revistiendo del poder que le confiere el otorgarse la capacidad de engendrar y parir seres. No se puede dar la una sin la otra.  No hace falta decir como es la vivencia del parto de una mujer que se siente incapaz y que tiene que afrontar una experiencia física, psíquica y emocionalmente muy intensa y exigente como lo es el parto. Es fácil a su vez suponer las consecuencias que tiene para las mujeres a nivel físico, psíquico y emocional durante el postparto la vivencia de un parto dónde se han experimentado incapaces y atemorizadas.

Este es el contexto en el que las doulas resurgimos, porque doulas como aquellas mujeres que te sostienen y te recuerdan que eres capaz y válida, han existido siempre en realidad. El aumento del número de doulas y el aumento del número de mujeres que desean ser acompañadas por una de ellas es directamente proporcional a la toma de conciencia por parte de las mujeres del grado de violencia obstétrica y de falta de redes de apoyo a la maternidad de nuestra sociedad. Ni más, ni menos. 

Las doulas no somos profesinales sanitarias ni atendemos partos. No es nuesta competencia. Es necesario en este momento repetir hasta la saciedad este mantra para amortiguar el impacto de la mentira que se ha difundido en los medios de comunicación. Las doulas acompañamos a las mujeres a nivel emocional. Facilitamos un espacio donde las mujeres pueden ser escuchadas, miradas, abrazadas si así lo desean, las permitimos llorar y gritar una pena o una culpa o reir a carcajadas un triunfo.

Las doulas no sugerimos prácticas ni indicamos a las mujeres el modo en que han de vivir su experiencia. También es necesario dejar claro esto porque si así fuera, dejaríamos de ser doulas. Las doulas acompañan y sostienen el camino libremente elegido por las mujeres, el suyo, sea el que sea, sin juicios y sin consejos posibilitando de este modo la asunción de responsabilidad y la capacidad de decisión de las mujeres.

Las doulas somos mujeres que acompañamos emocionalmente a otras mujeres en el proceso de devenir madres. Ofrecemos acompañamiento exclusivo e individual para transitar por una experiencia intensa en el que el modo de vida actual y la ideología patriarcal que lo atraviesa, nos lo hacen complicado, lleno de exigencias, juicios y expectativas. Las doulas ofrecemos un espacio dónde ser, donde poder expresar lo que no pueden gritar en sus casas o en la sala de espera de la consulta ginecológica. Las doulas recordamos a las mujeres que somos capaces de engendrar y parir, que nuestro cuerpo es perfecto para ello, y que nuestra mente y emociones son capaces de abrazar la experiencia intensa del parto, sabiendo que tenemos la fortuna de contar con un sistema sanitario y unxs profesionales sanitarioxs que velan por garantizar nuestra salud. Pero la maternidad no es solo un fenómeno fisiológico, cuidado y cubierto por el Sistema Nacional de Salud, lo es también psíquico, emocional, social y espiritual (no, no soy de una secta). 

Creo que la energía que se está colocando en criticar a las doulas podría emplearse en reflexionar sobre las carencias que el sistema posee en la atención en el embarazo y el parto. 

El tiempo que se dedica en espiar las webs de las doulas podría dedicarse a preguntar a las mujeres que han vivido embarazos y partos, cuál ha sido su experiencia, como se han sentido tratadas tanto en las visitas rutinarias así como en las diferentes pruebas o en el parto.

También creo que las horas que se están gastando en encontrar praxis fuera de la legalidad en el modo de hacer de las doulas podrían dedicarse a verificar que las prácticas rutinarias en la atención del embarazo y del parto en el Sistema Nacional de Salud se ajustan a las recomendaciones en esta materia que hace la OMS y respetan la Estrategia de Atención al Parto Normal del Ministerio de Sanidad y denunciar los casos en lo que, desgraciadamente no es así.

Es necesario hacer una revisión profunda del fenómeno-doula más allá de la suspicacia o el miedo, que permita entender los factores que explican su existencia y para lo cual no queda otra camino de nuevo, que dar la palabra a las mujeres. 

12 de junio de 2014

¿Para qué te prepara tu preparación al parto?

Durante el embarazo hacemos preparación al parto. Acudimos a cursos, leemos, nos informamos para prepararnos para parir. Pero que significa estar preparada para parir? Cuándo consideramos que ya estamos preparadas?
En este momento histórico que atravesamos la humanidad, al menos aquí en occidente, prepararse para parir es un arduo trabajo…

En realidad nuestro cuerpo no necesita ninguna preparación especial para parir. Ha sido perfectamente diseñado por la naturaleza para poder llevar a cabo esta tarea, así como lo está para hacer la digestión. Llegado el momento, el parto se desencadena sin pedirnos permiso. Es algo que nos sucede. Parir es un acto involuntario.

Nosotras podemos vivir el embarazo de espaldas a este hecho, pero la realidad es que un día cualquiera, el parto nos sorprende. Las contracciones se inician, y se suceden, abren el útero, la criatura desciende y nace, poco después se alumbra la placenta, y ya…y nosotras, dónde estamos? Nosotras nos sorprendemos, nos asustamos, nos maravillamos, nos rebelamos ante este rapto. Alguna fuerza increíble se ha apoderado de nuestro cuerpo, y nos abre, nos va abriendo, queramos o no, nos apetezca en ese momento o no, estemos preparadas o no.

Prepararse para el parto es precisamente, prepararse para aceptar el rapto y no vivirlo como un rapto, vivirlo como una entrega. Prepararse para el parto es estar preparada para entregarse entera, para volverse una observadora consciente de lo que le está sucediendo a nuestro cuerpo y a nuestra mente. Prepararse para el parto es tomar la decisión consciente y responsable de saltar al vacío sin saber si habrá red. Si no nos lanzamos al vacío voluntariamente, el parto llegará y nos empujará de igual modo y de igual modo, no sabremos si habrá red, solo que en lugar de caer abiertas, confiadas y serenas, lo haremos muertas de miedo.

El parto es un rito de paso. A nivel físico, emocional y social, es un rito de paso. La vida, el cuerpo, la psique de las mujeres cambia después de esta experiencia trance, de ahí el duelo profundo que se vive en el postparto, el duelo por lo que mutó para siempre. En los cursos habituales de preparación al parto y en los manuales, se empieza a abordar este hecho. Se comienza a tener el cuenta que el parto significa un antes y un después,  que al finalizar la cuarentena, la vida no volverá a ser como antes de parir y que a veces, cuando las mujeres se dan cuenta de ello sufren y se requiere un tiempo y un trabajo para reajustar la realidad a las expectativas que se tenían. Es decir, el enfoque de la preparación al parto deja de ser meramente biológico para pasar a ser también, psicosocial.
Pero aún habiéndose ampliado la visión de lo que el parto significa en la vida de las mujeres, sigue sin atenderse aún el que yo considero el aspecto fundamental de la preparación al parto. Y no se atiende porque es precisamente el no atenderlo, uno de los rasgos característicos de occidente.  Este es el aspecto espiritual del parto.

Como aspecto espiritual no me estoy refiriendo a religioso, me estoy refiriendo al Misterio. A la parte de Misterio con la que a duras penas convivimos en occidente. Nuestra cosmovisión es profundamente racionalista y prepotente. Creemos que la razón es la única vía de acceso al conocimiento por un lado, y por otro creemos que controlamos o potencialmente podríamos controlar la realidad. Soltar ambas creencias es lo que se pone en juego en el trance del parto.
Pero precisamente,  para reforzar ambas ideas en lugar de para soltarlas, es para lo que (consciente o inconscientemente) se estructuran la mayoría de las clases “convencionales” de preparación al parto. Y pasamos clases y sesiones planteando posibles problemas y soluciones aumentando nuestra sensación de control y alimentando a su vez la ansiedad y el miedo que hay, en el fondo, detrás de la necesidad de tener el control sobre todo.

Las preparaciones al parto “alternativas”, aunque aparentemente diferentes, están estructuradas sobre la misma diada “miedo-necesidad de control”. Ante un posible problema, se plantean soluciones que difieren a las convencionales porque nos parecen más seguras y tenemos miedo a perder el control. Las preparaciones al parto a veces generan la ansiedad de quien se enfrenta a un examen y tiene que aprenderse de antemano todas las posibles preguntas y sus respuestas correctas. Pero no nos suelen decir, que está bien saber todas estas cosas, pero que hay preguntas que no conocemos y respuestas que no imaginamos y que puede que ese día nos las encontremos de frente. Ese es el gran reto del trance del parto, lo que requiere una verdadera preparación.
Al parto le pasa, como al resto de la vida, que incluye dos aspectos sobre los que hemos de ser conscientes para un buen parir-vivir. Hay una parte que controlamos en cierta manera y sobre la que tenemos la tarea de responsabilizarnos (informarnos, tomar decisiones, asumir las consecuencias…) y hay una parte que no controlamos y sobre la que tenemos la tarea de entregarnos (desapegarnos, soltar, confiar, aceptar…). Prepararnos para parir implica conocer estas dos facetas, asumir la responsabilidad de la parte de la que nos tenemos que hacer cargo, y aceptar con serenidad la parte de misterio con la que nos veremos las caras.

Como doula, entiendo el parto como posible vía de trascendencia ya que, así como otras vías que las diferentes escuelas y tradiciones místicas nos presentan a la humanidad, el parto nos coloca o nos puede colocar a las mujeres en la situación que nos permita vivir la experiencia mística por excelencia: experimentarnos como el Ser que observa lo que le sucede al cuerpo, a la mente y a las emociones con las que hasta ese momento nos habíamos identificado. En el parto podemos tener la experiencia viva y real, de lo que hasta ese momento había sido solo un conocimiento teórico. Grande oportunidad hermanitas que llevarnos ya para siempre en la mochila…
Desde que el parto pasó de suceder en la intimidad del hogar, en contacto directo con el Misterio, con la humildad y el saber de las parteras y la fuerza de las parturientas para pasar a desarrollarse en el contexto hospitalario, el hecho de parir ha sido progresivamente desacralizado, racionalizado y controlado. La realidad bajo esa ilusión, es que el parto sigue siendo un hecho sagrado, no racional y que puede ser, como mucho observado. Las intervenciones médicas rutinarias en la atención al parto normal, mantienen a la comunidad científica en su ilusión de control y sabiduría, pasando por encima (solo ilusoriamente) del Misterio y de la parturienta y ejerciendo, en muchos casos, verdaderos actos de violencia para con las mujeres y sus criaturas. En este contexto, es normal y justo que las mujeres exijan autodeterminación y derecho a ser las protagonistas de sus partos. El progresivo aumento en la toma de conciencia nos permite responsabilizarnos de nuevo de nuestros cuerpos y de sus procesos, y tomar las decisiones que correspondan sobre la atención y el modelo de parto que deseamos. Este era un paso necesario y se va dando. Pero yo propongo dar uno más…

Ser conscientes de la parte de responsabilidad que nos compete en el parto y asumirla, es estupendo y ha de ser así. Pero si no aceptamos con serenidad la experiencia íntegra que incluye el “no control”  caeremos en la misma ilusión preparándonos al parto tratando de atar todos los cabos, de tener todas las respuestas, diseñando los planes A,B, C y D antes de que….antes de que llegue el parto y te sorprenda, te sorprenda ante tu ilusión y veas, por fín veas, que no controlabas todo, que nadie controla en esta situación totalmente…el parto se desencadena y tu no has decidido que hoy, a las 15.18 mientras lees el último libro sobre parto en el agua, se desprenda tu tapón mucoso…ahora solo puedes observar lo que le pasa a tu cuerpo, confiar y entregarte…te habías preparado para eso? que tengas un buen trance hermanita...nos vemos a la vuelta!

28 de abril de 2014

Circulo de Mujeres en Madrid "Yo Soy Otra Tu"

Queridas hermanas,

Ya instalada de nuevo en Madrid, traigo una herramienta poderosa de sanación y al alcance de todas, como es el Círculo de Mujeres. Mi experiencia guiando círculos este último año en Italia me ha mostrado cómo esta herramienta nos es tan natural y antigua como respirar. Me ha mostrado la capacidad que tiene para sanar y desbloquear procesos que obstaculizan nuestro caminar ligero por la vida. Es una hermosa medicina y está ahí, para que hagamos uso de ella cuándo lo necesitemos.

En qué consiste un Circulo de Mujeres? Esta pregunta me la hacen muchas veces y no es fácil responderla, porque lo que sucede en cada círculo es diferente, impredecible, pero siempre necesario. Sucede que se generan las condiciones para mostrarnos libres, sucede que no hay juicios, ni prejuicios, sucede que no se dan consejos y cuando tomamos la palabra, lo hacemos que el respeto que merece, hablando tan solo en primera persona. En este contexto, sucede la magia que se da cuando el corazón se abre y confía, cuándo no necesitamos atacar ni defendernos.

Los Círculos de Mujeres que propongo comenzarán en mayo. Se realizarán una tarde al mes y tendrán una duración de 2 horas. El precio es de 30 euros por círculo y no es obligatorio asistir a todos, es suficiente con confirmar tu asistencia antes de venir.


Iré sembrando Círculos por diferentes lugares de Madrid para facilitar llegar a todas las hermanas que así lo deseen. Seguramente organizaremos algún círculo cerca de dónde tu vives. Por ahora comenzaremos en el Centro Samsara de Madrid, en la zona de Embajadores, pero os iré informando de nuevos círculos que se abran por aquí, por allá.

El primer círculo comenzará el viernes 23 de mayo a las 18 en el centro Samsara de Madrid. Para inscribirte, envíame un mail a hermanadoula@gmail.com o llama al 620720259

Con Amor,

María.

23 de abril de 2014

Círculo-Taller en Madrid: "Parto Espiritual. El viaje de la Guerrera"

"Parto espiritual. El viaje de la Guerrera".


Círculo-Taller en Madrid para mujeres sobre parto como experiencia espiritual.


En qué consiste estar preparada para parir? En qué consiste parir?


Parir es morir para re-nacer. Es la muerte del ego. Es estar dispuesta a dejar morir esa parte que controla para atravesar el velo de la ilusión. Es tener Fe. Es dejarse fluir. Es abandonarse. Es entregarse. Es ser canal. Es el camino del Amor. Es cruzar el Río de la dualidad para alcanzar la otra orilla, para regresar a tu Ser y alinearte con lo Divino. Es una iniciación de Guerrera.

Guerreras...Pronto en Madrid, nos encontramos...

He lanzado la llamada a varios centros. En cuantito que una sala me responda y me permitan acoger la actividad en un espacio, os paso la info del lugar/día/hora.

Para información e inscripciones escríbeme a hermanadoula@gmail.com

Os abrazo,
Con Amor
María

13 de abril de 2014

De vuelta en Madrid y en activo!

Llega la primavera y con ella el aumento de la energía que acompaña al disfrute de más horas de luz. Crecen las ganas de crear y se dan las condiciones para sembrar las semillas que se han seleccionado y almacenado durante el invierno. Esta primavera coincide además con mi regreso a Madrid después de dos años de intensa vida en Roma y os eché de menos...

Estos dos últimos años he continuado unida al “mundo doula” por diferentes vías. El contacto directo con las doulas italianas a las que admiro por su fuerza y coraje para llevar a cabo su labor en un ambiente que no siempre es receptivo a la tarea que llevamos entre manos las doulas, ha sido una importante fuente de aprendizaje y de autorevisión como doula individual y como doula socia de la Asociación Red Circular de Doulas. El espejo de las dinámicas y de la forma de trabajar de las doulas en Italia me ha permitido reflexionar y revisar mis propias ideas sobre lo que es y lo que no es una doula; sobre mi experiencia personal como doula así como mi relación con el resto de mujeres que se dedican a esta profesión.

Mi paso como voluntaria en la Asociación Città delle Mamme Frascati y los talleres que he tenido la fortuna de impartir allí me han facilitado conocer a muchas mujeres-madres con necesidades diversas, con situaciones diversas, con historias de vida diversas que ayudan a flexibilizar el esquema que una tiene acerca de lo que supone ser una mujer embarazada  o un modelo de crianza y esto siempre es positivo para no caer en la cosificación de las mujeres a las que se acompaña.

La vivencia intensa de mi propio postparto en un entorno en el que inicialmente no conocía a nadie ni hablaba el idioma me ha traído conocimiento y vivencia encarnada del instinto, del amor salvaje y de los límites con los que una convive en esta etapa de la vida. Necesitaba vivir un postparto profundo y entregada al proceso para poder acompañar un postparto, al menos yo lo necesitaba o lo sentí necesario.

Mi contacto con el “mundo doula” en España se ha mantenido vivo gracias a que me ocupo de la gestión del correo electrónico de la Asociación Red Circular deDoulas y gracias también al flujo comunicativo que ha continuado activo y ágil a través del foro con el que seguimos tejiendo Red las doulas de mi siempre amada Red Circular de Doulas. Desde la distancia geográfica mi admiración y amor por todas ellas ha seguido creciendo día a día. Su esfuerzo y el amor hacia su trabajo es algo que se siente aún no estando físicamente cerca.

Y ahora regreso y estoy de nuevo lo suficientemente cerca para oleros, tocaros, besaros, abrazaros…Instalada en Bustarviejo y alimentada por el aire que aquí se respira y las montañas que me nutren os ofrezco de nuevo mis manos y mi tiempo como doula. 

La propuesta para esta nueva etapa-continuación de la anterior pasa por ofreceros:

-Mi servicio como doula de embarazo, parto y postparto en la zona tanto de la Sierra Norte de Madrid así como del resto de la comunidad.
- Acompañamiento en interrupción voluntaria del embarazo.
- Talleres sobre diferentes aspectos relacionados con el embarazo-parto-postparto desde el enfoque “hermana doula”. (Podéis conocer mi enfoque dando una vuelta por el blog)
- Propuesta hermooooosa y potente de sanación a través de los Círculos de Mujeres.

Tanto los talleres como los círculos de mujeres se impartirán en lugares y fechas que os iré puntualmente anunciando pero si estás interesada en acoger estas actividades en tu centro, asociación, etc. puedes ponerte en contacto conmigo!

Para estar al día de las novedades solo tienes que suscribirte al boletín informativo enviando una correo electrónico con el asunto "ALTA" a hermanadoula@gmail.com y te informaré de las actividades y talleres que organice. 

Mis nuevos datos de contacto en tierritas madrileñas son los siguientes:

Telefono/Whatsapp: 620 72 02 59
Correo electrónico: hermanadoula@gmail.com


Os abrazo hermanas!

13 de marzo de 2014

La monogamia obligatoria y la expulsión del paraiso

Este segundo artículo, continuación de ”Desestructurada,” es un experimento, un intento de desenredar a través de las palabras la mata de intuiciones, sensaciones y observaciones, que me vienen atravesando de un tiempo a esta parte. No es un artículo cerrado, no es una opinión en firme ni una afirmación de cómo son o han de ser las cosas, es un ejercicio de introspección mediante las letras, nada más. 

Este pequeño texto es una reflexión sobre cómo se limita socialmente nuestra capacidad de amar. Sobre cómo esta limitación, pervierte a su vez esta innata capacidad y las consecuencias que se derivan de ello.

El amor viene definido y regulado culturalmente en términos que ya conocemos. Sabemos que el modelo de relación de pareja culturalmente definido como norma, es monógamo y heterosexual. La cultura nos bombardea a través de sus instrumentos de control con ejemplos constantes que inciden en la supuesta naturalidad de este modelo. 

Recuerdo la primera vez que me enamoré de una mujer. Recuerdo como sentía la falta de canciones, de películas, de imágenes en las que apoyar las emociones que experimentaba. Recuerdo sentirme “fuera de la clase”, como si me hubiesen castigado en el pasillo. Esta falta de reconocimiento es un castigo por parte de la cultura mayoritaria, esa que después, con el tiempo, he despojado de casi toda autoridad y en la cual, no encontrar su reconocimiento es casi una buena señal. Esta primera experiencia a los 20 años, me sirvió para explicitar en mi cabeza el término “heterosexual” en esa definición de amor válido. Fui consciente de como nuestra cultura presiona y encauza la energía para dirigir el deseo hacia la heterosexualidad, negando, dificultando, invisibilizando, otro tipo de experiencias. Que nuestra cultura es heterosexista ya lo sabía antes de enamorarme de una mujer, pero en el aparato que la cultura posee para redirigir el deseo, el amor, era algo en lo que no me había parado a pensar hasta ese momento. De la crueldad de las consecuencias de este “canalizar el río del amor” tomé conciencia en este momento.

A partir de esta experiencia, fue visible para mí, cuestionada y rechazada la norma cultural acerca del necesario carácter “heterosexual” del amor.  Las categorías como bisexual, lesbiana, etc. tampoco me interesaron, una vez identificada la constricción que supone una categoría, una no se mete en otro corsé…así que desde ese momento, me sentí simplemente amante, mujer amante con capacidad para amar a otro ser, fuese cual fuese su sexo, pero no me dio por cuestionar todavía si debía ser de uno en uno o podía ser de otro modo.

Lo que voy a plantear a continuación no pretendo hacerlo válido para todo el mundo, ni mucho menos, pero sí que necesito abrir el camino, hacerlo más ancho para que incluya todas las opciones posibles. La vía de la aceptación siempre en más ligera y fresca que la del rechazo, y lo que quiero para mí y para mí vida es aumentar mi capacidad de aceptación y esto siento, solo es posible, ensanchando los márgenes del camino. Si no hacemos ancho el pasillo,  es fácil darse con el codo en la pared, y ya sabemos lo que duele! Ufa!

En este caso siento necesario ensanchar el camino de las posibilidades de vivir el amor más allá de la monogamia, sin rechazar tampoco esta opción. Para quien la opción de la monogamia no es un modelo socialmente impuesto, no es “lo correcto”, no es el “así es como debe ser”, sino una  opción más dentro del abanico de opciones que en un momento dado, se elige libremente experimentar como vía de crecimiento, es perfecto que así sea! Con este texto no critico la monogamia como opción libremente elegida. 

Con este escrito analizo lo que sin embargo, hay detrás de los sin sabores del amor a los que nos hemos acostumbrado. Lo que hay detrás de la amargura, de los celos, de la mentira, de la culpa, de la frustración, de la falta de aire, del hastío, de la rabia, del sentirse traicionadx, de lo emocionalmente plano, de la sensación de haberse perdido por el camino, del aburrimiento, del juego del ratón y el gato que hay en la cotidianidad y normalidad de tantas y tantas parejas para las que la monogamia, no es una opción, es la norma. Para quienes la monogamia es la condición básica del amor. El modelo monógamo de pareja, cuando es impuesto o autoimpuesto, puede ser una fuente de frustración y el origen de las dinámicas poco o nada saludables con las que nos hemos acostumbrado a convivir.

Una querida amiga me decía, “yo siento que sería capaz de abrazar a much@s”. Esa frase puso mi mundo del revés…Somos capaces de abrazar a much@s, es cierto, conecté con esa sensación... somos capaces de amar tanto y tanto y tanto…Cuándo una se permite entrar en comunión con otro ser, amar a otro ser, solo puede nacer el Bien…la experiencia nos demuestra que esta resonancia siempre es para bien, nos hace crecer, nos devuelve a la edad de la inocencia, nos hace mejores personas…lo hemos experimentado todxs…las mariposas en la barriga, la electricidad increíble ante el roce de un cuerpo deseado, la sonrisa que se dibuja al escuchar hablar a quien amas, la mirada embelesada del otro o de la otra que te observa fascinadx, disfrutar con los ojos cerrados recreando escenas vividas, contar los minutos que faltan hasta el siguiente encuentro, reactivar todas las células del cuerpo ante un olor conocido…es de una belleza y de una profundidad genuinamente humana, divinamente humana y natural….no se fuerza, no se provoca, no se estudia... un día llega a tu cuerpo la ola y te lleva…estas emociones son nobles, son sagradas….es la experiencia pura de la comunión con otro ser…y el paisaje humano, que es increíblemente rico, nos permite disfrutar de estas delicias a diario, gratuitamente, es el jardín del edén antes de ser expulsadxs…dónde está la malicia?

Sin embargo, el modelo de monogamia impuesto censura y prohíbe vivir este tipo de experiencias fuera de la relación de pareja. Presupone que no será necesario vivir la comunión con otros seres una vez iniciada una relación monógama y que en caso de que nazca el deseo de establecer una nueva relación, se sacrificará, se ahogará el impulso a favor del mantenimiento de la monogamia. Pero la humanidad no del todo perdida en la norma social, continúa expresándose tambaleando la que nos habían definido como "natural" monogamia. Yo me pregunto, ¿para quién establece la norma, es natural la monogamia? o ¿no lo es, pero se convierte en lo conveniente? Y si no es natural, pero es conveniente, ¿a quién y para qué le conviene ahogar y redirigir nuestra capacidad de amar?

Nos dicen, o creemos, que cuándo amamos a varias personas esto es la prueba evidente de que el “amor  con tu pareja” se ha terminado, pero no siempre es así….el amor no “se termina”, la capacidad de amar es infinita…¿Cómo se puede ser tan neci@ de creer que este maravilloso don es finito y se puede medir y contar?, ¿cómo somos tan limitadamente “bidimensionales”? La realidad es una gran espiral de infinitas dimensiones y el amor todo lo abarca. Viene, va, te atraviesa, se expresa de numerosos modos…¿Qué significa que el amor hacia un ser ha terminado porque nace amor hacia otro? ¿No es reducir  terriblemente la capacidad divina de amar?

Cuándo por los motivos que sean, se decide no dar cabida a esta nueva experiencia, nos “automutilamos”, nos ”autonegamos” el aire mismo que respiramos y nos “autoprohibimos” lo que por derecho natural nos fue dado, sintiendo frustración en el mejor de los casos y sensación de sacrificio en el peor, generando dinámicas donde primeramente nos autocastramos para después exigir una castración de la pareja, comparando constantemente el grado de castración mútua y exigiendo más autoinmolación al otro o a la otra cuándo consideramos que su sacrificio es menor al que ya hemos hecho nosotrxs. Nos cortamos las manos y nos sacamos los ojos y le hacemos lo propio a la pareja a la que decimos amar. Lo hacemos en nombre del amor, despojándolo de su grandeza y haciéndolo añicos con suspicacias, control y espionaje. Si en alguna de estas ocasiones en las que el impulso apremia, una de las dos partes es sorprendida compartiendo tiempo y afectos con otra persona, este gesto será categorizado como una traición del más alto nivel que garantizará el odio de por vida por parte de la persona traicionada. ¿Dónde está el amor en este tipo de dinámicas? ¿Dónde está el deseo de bien para mí y para quién amo si lo que espero de la otra persona es una autoinmolación de su deseo de amar?

El impulso natural de establecer relaciones es humanamente potente y continúa pulsando, continúa latiendo en el pecho, continúa sorprendiéndonos en ocasiones inesperadas. Si el impulso es suficientemente fuerte como para iniciar una nueva relación a pesar del modelo de monogamia obligatorio, y queremos evitar la tragedia que sigue a la “traición”, recurriremos a la mentira y al escondite, sintiendo culpa  de mostrarnos clarxs con quien amamos, de engañar a quien comparte con nosotrxs altos grados de verdad. En la mentira y el la culpa, consecuencias de mantener en pié la estructura monógama, tampoco hay amor. El impulso natural y sagrado de amar se ve deformado, degenerado debido a la norma impuesta de la monogamia. Lo que podía haber sido amor, se convierte en una caricatura, en un disfraz horrendo de mentiras, vergüenzas y reproches.

La monogamia heterosexual impuesta tiene un origen cultural y unas razones de existir que darían para otro texto. La monogamia a secas, también tiene sus razones de existir que no entro a analizar en este momento. Lo que me interesaba en este artículo era desmontar son las consecuencias que de este modelo impuesto se derivan,  la instrumentalización de la pareja que se genera a veces en este tipo de relaciones, el sentimiento de posesión sobre otra persona y la tendencia a la cosificación de un ser que consideramos propiedad. La persona amante, se vuelve vigilante, desconfiada, espía, jueza….y en lugar de amar a brazos abiertos, se mantiene en estado de alerta permanente de sus propias emociones y de las ajenas. En nombre de amor, lo que dejamos de hacer, es amar.

Sobrevivimos muert@s de hambre y de sed…los ojos nublados de normas no se permiten ver la realidad en todo su esplendor. Con un afán masoquista y sádico sufrimos y hacemos sufrir apretando el nudo de las condiciones impuestas en las relaciones. Empequeñecemos nuestra grandeza con vidas llenas de suspiros y de faltas.

¿Y cómo sería si NOS permitiésemos Amar, infinitamente Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo NUESTRA divina capacidad?. ¿Cómo sería si también LE permitiésemos Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo SU divina capacidad, a la persona (o personas) a quien amamos?¿Y cómo sería no limitar ni categorizar el Amor, no reducirlo a pocos o muchos modelos, no reducirlo a ningún modelo, dejarlo Ser sin más?  ¿Cómo sería si nos supiésemos libres de regresar a la edad de la inocencia?