13 de abril de 2014

De vuelta en Madrid y en activo!

Llega la primavera y con ella el aumento de la energía que acompaña al disfrute de más horas de luz. Crecen las ganas de crear y se dan las condiciones para sembrar las semillas que se han seleccionado y almacenado durante el invierno. Esta primavera coincide además con mi regreso a Madrid después de dos años de intensa vida en Roma y os eché de menos...

Estos dos últimos años he continuado unida al “mundo doula” por diferentes vías. El contacto directo con las doulas italianas a las que admiro por su fuerza y coraje para llevar a cabo su labor en un ambiente que no siempre es receptivo a la tarea que llevamos entre manos las doulas, ha sido una importante fuente de aprendizaje y de autorevisión como doula individual y como doula socia de la Asociación Red Circular de Doulas. El espejo de las dinámicas y de la forma de trabajar de las doulas en Italia me ha permitido reflexionar y revisar mis propias ideas sobre lo que es y lo que no es una doula; sobre mi experiencia personal como doula así como mi relación con el resto de mujeres que se dedican a esta profesión.

Mi paso como voluntaria en la Asociación Città delle Mamme Frascati y los talleres que he tenido la fortuna de impartir allí me han facilitado conocer a muchas mujeres-madres con necesidades diversas, con situaciones diversas, con historias de vida diversas que ayudan a flexibilizar el esquema que una tiene acerca de lo que supone ser una mujer embarazada  o un modelo de crianza y esto siempre es positivo para no caer en la cosificación de las mujeres a las que se acompaña.

La vivencia intensa de mi propio postparto en un entorno en el que inicialmente no conocía a nadie ni hablaba el idioma me ha traído conocimiento y vivencia encarnada del instinto, del amor salvaje y de los límites con los que una convive en esta etapa de la vida. Necesitaba vivir un postparto profundo y entregada al proceso para poder acompañar un postparto, al menos yo lo necesitaba o lo sentí necesario.

Mi contacto con el “mundo doula” en España se ha mantenido vivo gracias a que me ocupo de la gestión del correo electrónico de la Asociación Red Circular deDoulas y gracias también al flujo comunicativo que ha continuado activo y ágil a través del foro con el que seguimos tejiendo Red las doulas de mi siempre amada Red Circular de Doulas. Desde la distancia geográfica mi admiración y amor por todas ellas ha seguido creciendo día a día. Su esfuerzo y el amor hacia su trabajo es algo que se siente aún no estando físicamente cerca.

Y ahora regreso y estoy de nuevo lo suficientemente cerca para oleros, tocaros, besaros, abrazaros…Instalada en Bustarviejo y alimentada por el aire que aquí se respira y las montañas que me nutren os ofrezco de nuevo mis manos y mi tiempo como doula. 

La propuesta para esta nueva etapa-continuación de la anterior pasa por ofreceros:

-Mi servicio como doula de embarazo, parto y postparto en la zona tanto de la Sierra Norte de Madrid así como del resto de la comunidad.
- Acompañamiento en interrupción voluntaria del embarazo.
- Talleres sobre diferentes aspectos relacionados con el embarazo-parto-postparto desde el enfoque “hermana doula”. (Podéis conocer mi enfoque dando una vuelta por el blog)
- Propuesta hermooooosa y potente de sanación a través de los Círculos de Mujeres.

Tanto los talleres como los círculos de mujeres se impartirán en lugares y fechas que os iré puntualmente anunciando pero si estás interesada en acoger estas actividades en tu centro, asociación, etc. puedes ponerte en contacto conmigo!

Para estar al día de las novedades solo tienes que suscribirte al boletín informativo enviando una correo electrónico con el asunto "ALTA" a hermanadoula@gmail.com y te informaré de las actividades y talleres que organice. 

Mis nuevos datos de contacto en tierritas madrileñas son los siguientes:

Telefono/Whatsapp: 620 72 02 59
Correo electrónico: hermanadoula@gmail.com


Os abrazo hermanas!

13 de marzo de 2014

La monogamia obligatoria y la expulsión del paraiso

Este segundo artículo, continuación de ”Desestructurada,” es un experimento, un intento de desenredar a través de las palabras la mata de intuiciones, sensaciones y observaciones, que me vienen atravesando de un tiempo a esta parte. No es un artículo cerrado, no es una opinión en firme ni una afirmación de cómo son o han de ser las cosas, es un ejercicio de introspección mediante las letras, nada más. 

Este pequeño texto es una reflexión sobre cómo se limita socialmente nuestra capacidad de amar. Sobre cómo esta limitación, pervierte a su vez esta innata capacidad y las consecuencias que se derivan de ello.

El amor viene definido y regulado culturalmente en términos que ya conocemos. Sabemos que el modelo de relación de pareja culturalmente definido como norma, es monógamo y heterosexual. La cultura nos bombardea a través de sus instrumentos de control con ejemplos constantes que inciden en la supuesta naturalidad de este modelo. 

Recuerdo la primera vez que me enamoré de una mujer. Recuerdo como sentía la falta de canciones, de películas, de imágenes en las que apoyar las emociones que experimentaba. Recuerdo sentirme “fuera de la clase”, como si me hubiesen castigado en el pasillo. Esta falta de reconocimiento es un castigo por parte de la cultura mayoritaria, esa que después, con el tiempo, he despojado de casi toda autoridad y en la cual, no encontrar su reconocimiento es casi una buena señal. Esta primera experiencia a los 20 años, me sirvió para explicitar en mi cabeza el término “heterosexual” en esa definición de amor válido. Fui consciente de como nuestra cultura presiona y encauza la energía para dirigir el deseo hacia la heterosexualidad, negando, dificultando, invisibilizando, otro tipo de experiencias. Que nuestra cultura es heterosexista ya lo sabía antes de enamorarme de una mujer, pero en el aparato que la cultura posee para redirigir el deseo, el amor, era algo en lo que no me había parado a pensar hasta ese momento. De la crueldad de las consecuencias de este “canalizar el río del amor” tomé conciencia en este momento.

A partir de esta experiencia, fue visible para mí, cuestionada y rechazada la norma cultural acerca del necesario carácter “heterosexual” del amor.  Las categorías como bisexual, lesbiana, etc. tampoco me interesaron, una vez identificada la constricción que supone una categoría, una no se mete en otro corsé…así que desde ese momento, me sentí simplemente amante, mujer amante con capacidad para amar a otro ser, fuese cual fuese su sexo, pero no me dio por cuestionar todavía si debía ser de uno en uno o podía ser de otro modo.

Lo que voy a plantear a continuación no pretendo hacerlo válido para todo el mundo, ni mucho menos, pero sí que necesito abrir el camino, hacerlo más ancho para que incluya todas las opciones posibles. La vía de la aceptación siempre en más ligera y fresca que la del rechazo, y lo que quiero para mí y para mí vida es aumentar mi capacidad de aceptación y esto siento, solo es posible, ensanchando los márgenes del camino. Si no hacemos ancho el pasillo,  es fácil darse con el codo en la pared, y ya sabemos lo que duele! Ufa!

En este caso siento necesario ensanchar el camino de las posibilidades de vivir el amor más allá de la monogamia, sin rechazar tampoco esta opción. Para quien la opción de la monogamia no es un modelo socialmente impuesto, no es “lo correcto”, no es el “así es como debe ser”, sino una  opción más dentro del abanico de opciones que en un momento dado, se elige libremente experimentar como vía de crecimiento, es perfecto que así sea! Con este texto no critico la monogamia como opción libremente elegida. 

Con este escrito analizo lo que sin embargo, hay detrás de los sin sabores del amor a los que nos hemos acostumbrado. Lo que hay detrás de la amargura, de los celos, de la mentira, de la culpa, de la frustración, de la falta de aire, del hastío, de la rabia, del sentirse traicionadx, de lo emocionalmente plano, de la sensación de haberse perdido por el camino, del aburrimiento, del juego del ratón y el gato que hay en la cotidianidad y normalidad de tantas y tantas parejas para las que la monogamia, no es una opción, es la norma. Para quienes la monogamia es la condición básica del amor. El modelo monógamo de pareja, cuando es impuesto o autoimpuesto, puede ser una fuente de frustración y el origen de las dinámicas poco o nada saludables con las que nos hemos acostumbrado a convivir.

Una querida amiga me decía, “yo siento que sería capaz de abrazar a much@s”. Esa frase puso mi mundo del revés…Somos capaces de abrazar a much@s, es cierto, conecté con esa sensación... somos capaces de amar tanto y tanto y tanto…Cuándo una se permite entrar en comunión con otro ser, amar a otro ser, solo puede nacer el Bien…la experiencia nos demuestra que esta resonancia siempre es para bien, nos hace crecer, nos devuelve a la edad de la inocencia, nos hace mejores personas…lo hemos experimentado todxs…las mariposas en la barriga, la electricidad increíble ante el roce de un cuerpo deseado, la sonrisa que se dibuja al escuchar hablar a quien amas, la mirada embelesada del otro o de la otra que te observa fascinadx, disfrutar con los ojos cerrados recreando escenas vividas, contar los minutos que faltan hasta el siguiente encuentro, reactivar todas las células del cuerpo ante un olor conocido…es de una belleza y de una profundidad genuinamente humana, divinamente humana y natural….no se fuerza, no se provoca, no se estudia... un día llega a tu cuerpo la ola y te lleva…estas emociones son nobles, son sagradas….es la experiencia pura de la comunión con otro ser…y el paisaje humano, que es increíblemente rico, nos permite disfrutar de estas delicias a diario, gratuitamente, es el jardín del edén antes de ser expulsadxs…dónde está la malicia?

Sin embargo, el modelo de monogamia impuesto censura y prohíbe vivir este tipo de experiencias fuera de la relación de pareja. Presupone que no será necesario vivir la comunión con otros seres una vez iniciada una relación monógama y que en caso de que nazca el deseo de establecer una nueva relación, se sacrificará, se ahogará el impulso a favor del mantenimiento de la monogamia. Pero la humanidad no del todo perdida en la norma social, continúa expresándose tambaleando la que nos habían definido como "natural" monogamia. Yo me pregunto, ¿para quién establece la norma, es natural la monogamia? o ¿no lo es, pero se convierte en lo conveniente? Y si no es natural, pero es conveniente, ¿a quién y para qué le conviene ahogar y redirigir nuestra capacidad de amar?

Nos dicen, o creemos, que cuándo amamos a varias personas esto es la prueba evidente de que el “amor  con tu pareja” se ha terminado, pero no siempre es así….el amor no “se termina”, la capacidad de amar es infinita…¿Cómo se puede ser tan neci@ de creer que este maravilloso don es finito y se puede medir y contar?, ¿cómo somos tan limitadamente “bidimensionales”? La realidad es una gran espiral de infinitas dimensiones y el amor todo lo abarca. Viene, va, te atraviesa, se expresa de numerosos modos…¿Qué significa que el amor hacia un ser ha terminado porque nace amor hacia otro? ¿No es reducir  terriblemente la capacidad divina de amar?

Cuándo por los motivos que sean, se decide no dar cabida a esta nueva experiencia, nos “automutilamos”, nos ”autonegamos” el aire mismo que respiramos y nos “autoprohibimos” lo que por derecho natural nos fue dado, sintiendo frustración en el mejor de los casos y sensación de sacrificio en el peor, generando dinámicas donde primeramente nos autocastramos para después exigir una castración de la pareja, comparando constantemente el grado de castración mútua y exigiendo más autoinmolación al otro o a la otra cuándo consideramos que su sacrificio es menor al que ya hemos hecho nosotrxs. Nos cortamos las manos y nos sacamos los ojos y le hacemos lo propio a la pareja a la que decimos amar. Lo hacemos en nombre del amor, despojándolo de su grandeza y haciéndolo añicos con suspicacias, control y espionaje. Si en alguna de estas ocasiones en las que el impulso apremia, una de las dos partes es sorprendida compartiendo tiempo y afectos con otra persona, este gesto será categorizado como una traición del más alto nivel que garantizará el odio de por vida por parte de la persona traicionada. ¿Dónde está el amor en este tipo de dinámicas? ¿Dónde está el deseo de bien para mí y para quién amo si lo que espero de la otra persona es una autoinmolación de su deseo de amar?

El impulso natural de establecer relaciones es humanamente potente y continúa pulsando, continúa latiendo en el pecho, continúa sorprendiéndonos en ocasiones inesperadas. Si el impulso es suficientemente fuerte como para iniciar una nueva relación a pesar del modelo de monogamia obligatorio, y queremos evitar la tragedia que sigue a la “traición”, recurriremos a la mentira y al escondite, sintiendo culpa  de mostrarnos clarxs con quien amamos, de engañar a quien comparte con nosotrxs altos grados de verdad. En la mentira y el la culpa, consecuencias de mantener en pié la estructura monógama, tampoco hay amor. El impulso natural y sagrado de amar se ve deformado, degenerado debido a la norma impuesta de la monogamia. Lo que podía haber sido amor, se convierte en una caricatura, en un disfraz horrendo de mentiras, vergüenzas y reproches.

La monogamia heterosexual impuesta tiene un origen cultural y unas razones de existir que darían para otro texto. La monogamia a secas, también tiene sus razones de existir que no entro a analizar en este momento. Lo que me interesaba en este artículo era desmontar son las consecuencias que de este modelo impuesto se derivan,  la instrumentalización de la pareja que se genera a veces en este tipo de relaciones, el sentimiento de posesión sobre otra persona y la tendencia a la cosificación de un ser que consideramos propiedad. La persona amante, se vuelve vigilante, desconfiada, espía, jueza….y en lugar de amar a brazos abiertos, se mantiene en estado de alerta permanente de sus propias emociones y de las ajenas. En nombre de amor, lo que dejamos de hacer, es amar.

Sobrevivimos muert@s de hambre y de sed…los ojos nublados de normas no se permiten ver la realidad en todo su esplendor. Con un afán masoquista y sádico sufrimos y hacemos sufrir apretando el nudo de las condiciones impuestas en las relaciones. Empequeñecemos nuestra grandeza con vidas llenas de suspiros y de faltas.

¿Y cómo sería si NOS permitiésemos Amar, infinitamente Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo NUESTRA divina capacidad?. ¿Cómo sería si también LE permitiésemos Amar, a cada momento Amar, desplegar del todo SU divina capacidad, a la persona (o personas) a quien amamos?¿Y cómo sería no limitar ni categorizar el Amor, no reducirlo a pocos o muchos modelos, no reducirlo a ningún modelo, dejarlo Ser sin más?  ¿Cómo sería si nos supiésemos libres de regresar a la edad de la inocencia?



3 de marzo de 2014

Desestructurada


De mi paso por Italia me llevo muchas cosas,  también muchas que seguramente aún no conozco, semillas que con el tiempo, irán germinando. Me traigo relaciones íntimas e intensas con personas maravillosas, me traigo un conocimiento más profundo de mí misma y un compromiso con la responsabilidad de llevar adelante la tarea de “la vuelta a casa”.

Con la vuelta a casa, no me estoy refiriendo a volver a Madrid, me estoy refiriendo a volver al origen. Volver al origen es un camino de regreso a lo que fue antes de colocar capas y capas de teorías, preconceptos, experiencias, memorias y proyecciones. A lo que sigue siendo sin necesidad de todo ello, a lo que todo ello no toca ni modifica, porque ya es completo. Ese centro es al que me dirijo, siendo consciente que la que se dirige se tendrá que quedar por el camino en algún momento si es que quiere llegar, así como siendo consciente que en realidad no hay ningún camino, no hay ningún viaje, no hay que dirigirse hacia ningún lado para volver a casa, esa es otra ilusión. En casa, ya se está, solo hace falta ser consciente de ello y ya…

Para fortalecer este compromiso, ha sido fundamental abrir los ojos y en ese abrirlos, ha sido necesario ser consciente de lo que a continuación escribo:

Mi paso por Italia sobre todo, me ha permitido, gracias a dos mujeres fascinantes comenzar a vislumbrar algo que intuyo grande. Me ha ofrecido el ojo de la cerradura por el que poder mirar y fascinarme de lo que existe tras la apariencia. He comprendido que lo construido, lo ilusorio, abarca mucho más de lo que yo creía y que para poder volar, hay que soltarse de la rama a la que una se aferra, de todas las ramas, hasta de la última rama. NO HAY NINGUNA ESTRUCTURA. O al menos, hay infinitas…

Cuándo una se plantea dejar caer las estructuras, primero deja caer las que no formaban parte de su vida, esto es fácil…Dejo que se esfume la estructura que impone hacer las cosas en un modo que yo no hago! Bien…y después? Eso solo sirve para hablar de la caída de las estructuras con lxs colegas o para decirle a alguien lo conveniente que sería que dejase caer las suyas y quedar bien, pero no sirve…hay que seguir, hay que seguir acercándose a una misma….ahora…mmmm…ahora dejo caer las estructuras que sí “estructuran” actualmente mi vida, pero solo aquellas que no me gustaban, que ya me ahogaban, que estaban por caer…Si! Esto ya es liberador! Y bastante más complicado de hacer que lo anterior, pues seguramente, en nuestro entorno habrá quien defienda a muerte estas estructuras que ahora, nosotrxs decimos que no solo no nos hacen bien, sino que las vamos a derribar haciendo de esta parte de nuestra vida, una parte sin “idea preconcebida de cómo debe ser”. Nos lanzamos al vacío aliviadxs...no sabemos cómo será a partir de ahora, pero ya no será oprimente como cuando esta faceta estaba regida por la antigua estructura. Este segundo acto ya no es solo “social”, ya no pone su mirada solo hacia fuera, ya empieza a ser individual, interior. Ya se vislumbra un compromiso y una responsabilidad hacia nuestra propia vida. Sin embargo, aún colea la parte social en la lucha por hacer entender al resto, que esa estructura nos sobra. La parte propositiva en la decisión de dejarla caer, es individual, es un diálogo con nosotrxs mismxs. Pero en la parte de resistencia a dejarla caer, aún colocamos a tercerxs Estén presentes o no en el diálogo, los hagamos partícipes o no de esta caída, ellxs simbolizan la resistencia a soltar, al dejar caer. Son la excusa ideal de la dificultad de hacerlo.

Hasta ahora, me he sentido más o menos cómoda, al menos habituada, a moverme entre estas dos formas de gestionar los “dejar andar”. Creyendo que el máximo de compromiso estaba en ser consciente de nuestro yugos cuando estos nos hacen mal, y decidir soltarlos, liberarnos…no era consciente de que la tarea no terminaba aquí…creí que tomar consciencia de aquello que no nos hace bien en nuestra vida, y soltarlo a manos abiertas era el máximo de “estar en el presente”. Pero en Italia, he aprendido que no, que hay al menos, un tercer escalón  más…

El siguiente paso consiste en dejar caer las estructuras a las que estamos apegadas, dejar caer las estructuras que aparentemente nos hacen bien y nos dan seguridad, soltar no lo que “me sujeta” sino lo que “yo sujeto”. En este plano, el diálogo que se establece es tan solo con una misma, la resistencia a derribar la estructura no está fuera de nosotrxs, ya no es una teoría, una ideología, la familia o una amiga…la resistencia está dentro de mi cuerpo, es el apego. La decisión de soltar esta estructura ya no está basada en que nos hace mal, me duele, me oprime a “mi”, a mi ego. La decisión está basada en un acto de amor y de confianza en la vida, que es más grande que mi propia estructura mental. Es soltar lo que aprietan mis manos para poder abrazar las infinitas posibilidades. Es dejar de tener miedo. 

Las estructuras, todas las estructuras, estructuran (que para eso son estructuras, es su función), configuran de una determinada manera, limitan el resto de posibilidades, sea el resultado de nuestro agrado o no. Sean impuestas desde el exterior o sean una autoimposición. Pero siempre limitan y encarcelan, siempre preconciben una forma concreta, siempre ahogan la creatividad, nuestro compromiso y nuestra responsabilidad pues son predefinidas.

Estar dispuestxs a dejar caer todas las estructuras no significa que nuestro modo de hacer libre no sea aquel que la estructura inicial definía como válido, significa que abrimos la posibilidad de que pueda ser de otra manera. Solo renaciendo a cada instante, situándonos en el momento presente sin memoria y sin proyecciones, podremos experimentar lo que decía Buda con “Cada vez, como la primera vez”. Para ello es necesario no recurrir al comodín o a la norma impuesta de la estructura, que facilita aparentemente las cosas cuando es una estructura por la que sentimos apego, pero que asfixia y oculta nuestra naturaleza divina como la que es impuesta por el exterior, por la cultura y el momento histórico en el que nos situamos.

De todas las estructuras, la más naturalizada, es el modelo de amor válido. No somos conscientes de que es una estructura ya que su grado de naturalización es enorme, pero el modelo de la "monogamia heterosexual obligatoria" es la "Gran Estructura" ya que canaliza, dirige y limita nuestra capacidad primaria fundamental, la capacidad de Amar y limitar esta capacidad es la gran herida de ser humano, es el vacío que tratamos de llenar cada cual como puede, es el origen de malestares de diversos grados, y es la dificultad principal para “regresar a casa”. La estructura que impone el modelo monógamo heterosexual como única vía de vivir el amor, es la gran estructura a derribar. Al menos yo lo intuyo así...

Sobre la caída de la monogamia heterosexual obligatoria como estructura, escribiré en el siguiente artículo, ahora necesito respirarme todo lo que se me mueve en la barriga!

20 de enero de 2014

Entrego mi fruto a la tierra

Estas palabras resuenan en mi cabeza desde que hace unos días Silvia Martini, chamana hechicera amorosa, pronunciase...Gracias...

Entrego mi fruto a la tierra, no me apego, no me pertenece, yo era el instrumento necesario para dar carne, para dar materia a la Existencia en una nueva forma, pero la Existencia ya era, seguirá siendo, se seguirá expresando en infinitas formas posibles…Los frutos de mi vientre, son unas cuantas de las infinitas formas posibles en las que se expresa la Existencia, reconociéndolo así, los entrego en paz a su libre fluir. No reconocerlo, no entregar los frutos a la tierra, no cambiaría la realidad, no los haría míos, no separaría a la Existencia de la propia Existencia, solo sería una quimera y fuente de dolor y frustración. Con la entrega de los frutos, incluyo todos los frutos…los frutos de mi vientre en forma de hijxs, los frutos de mi mente en forma de proyectos, los frutos de mis emociones y de mis actos, en forma de relaciones, de apegos, de identificaciones, las alegrías y las penas…no sujeto, no aprieto los puños viendo como el agua se escapa entre mis dedos y los entrego a la tierra…

En ese acto de entregar a la tierra, en ese reconocer que la Existencia no se crea, solo se manifiesta eternamente, nace una paz profunda, tiene el origen el descanso de la guerrera. Toda la Existencia  se convierte en unos brazos dispuestos a acoger y abrazar. Yo misma, siendo Existencia manifestada comparto esencia y fluir con todas las gotas que forman el río del Misterio, de lo permanente y eterno. En el acto de entrega de frutos limitados se recibe la abundancia de lo ilimitado, de lo infinito, del Universo…Los frutos de tus actos no te pertenecen, porque eres los frutos, eres los actos, eres el escenario en el que actúas, eres el cielo estrellado, lo visible y lo invisible, la tierra, el aire que respiras y el acto mismo de respirar…

El último círculo me ha traído una grande sanación a mi vida, ha sanado mi sensación de orfandad…En anteriores círculos he conseguido traer a mi vida comprensión, aceptación y gratitud por los actos de mis ancestras, por mi linaje femenino de sangre. He reconocido la grandeza que supone poner a disposición un cuerpo para dar cuerpo a otro ser, he llorado no haberlo sabido agradecer antes, he descansado en la consciencia de que lo que queda de mis días, honraré ese “sí” que me dio la posibilidad de estar hoy viviendo esta experiencia terrena. Pero la sensación de orfandad, de vacío entre mí y mi linaje femenino, continuaba pulsando, continuaba hiriendo, la niña desconsolada que busca una madre, la niña que ahora hace de madre y sus hijxs despiertan en ella el recuerdo de cómo fue su experiencia de niña. La adulta sin raíz lloraba por su falta, se ahogaba en el abismo oscuro entre ella y los úteros anteriores. Trataba de conectar con la sensación de venir de un útero, que viene de otro útero, de otro útero…y no lo conseguía….sentía que había caído aquí en la Tierra directamente de otro planeta, sin cordón umbilical y dolía mucho.

En este último círculo recibí sanación…Gracias…Gracias porque la sanación puede llegar en cualquier momento, a través de una mirada, una palabra, una imagen…llegó a través de un poema compartido, de un relato generosamente entregado. Llegó para recordarme que yo ya Era, Soy y Seré, que el Misterio se encarna a través de úteros, brazos, y labios dispuestos a cuidarte y permitirte vivir un cuerpo físico. Gracias Mamá, Gracias Yaya….Pero que además, mi Esencia, es la Existencia manifestada, como la de mi linaje femenino, pero también la misma que la del Sol, las Estrellas, la Luna, las Montañas, los Ríos, las Praderas, los Mundos de Arriba y los de Abajo, la familia Arcoiris, todos los Seres Vivos, los Minerales, el Aire, el Fuego…En esta infinitud de manifestaciones, cómo puede haber carencia?, cómo puede haber falta?...


Ahora me se, y festejo ser, María, hija de Mayte, hija de Maria Teresa, hija de la Luna, hija de las Estrella, hija del Sol, hija del Agua, hija del Fuego, hija de los Vientos, hija de la Tierra, hija del Misterio.

1 de enero de 2014

La intuición como enfermedad mental



El terreno social es un terreno fértil para perder el norte si es que no se tiene bien localizado. Lo social, aquel entramado de normas que indican nuestro grado de adaptación y nuestra ausencia o no de patología según los evaluadores de aquello que se llama “ciudadanx de bien”. Lo social tiene sus propios baremos de lo que es correcto o incorrecto, valioso o carente de valor, conveniente o peligroso, etc. y en un singular juego de manos, convierte lo que era una convención social en algo aparentemente natural. Así sucede con tantas y tantas cosas interesantes de analizar y que seguramente, habrás identificado a través de tu experiencia directa. Yo hoy, aquí, quiero detenerme en “la intuición”.

La intuición….ese “tengo la sensación de…” es una herramienta maravillosa…la intuición pertenece a ese conjunto de rasgos y características típicamente categorizados (por lo social?) de femeninos. Mi opinión es que para cultivar esta capacidad humana, se necesitan unas condiciones determinadas que históricamente han sido las vividas más comúnmente por las mujeres. La intuición se enciende cuándo la parte racional se apaga, cuándo no importa el argumento a dar sino la observación de lo que sucede. La intuición se enciende en la penumbra del “segundo plano”, no bajo la luz cegadora que ilumina el papel protagonista. La intuición se enciende cuándo nuestra mente no está sobrecargada de información, teorías, opiniones de peso y puede hablar el lenguaje sencillo del “no sé por qué, pero tengo la sensación de que…”.

La intuición nos asalta cuándo menos nos lo esperamos en situaciones en las cuales, no es siempre cómoda ni bienvenida. La estructura social de la que hablábamos al principio, no deja paso, no tiene un lugar creado para acoger esta capacidad. El patriarcado jerarquiza los saberes y las vías de acceder al conocimiento dejando según su criterio, algunos saberes y vías de acceso al conocimiento, a la altura de la suela del zapato. El ciudadano o ciudadana de bien, cree además que los saberes y las vías de acceso al conocimiento cumplen este patrón jerárquico de modo natural, olvidando que dicha jerarquía es una construcción social, que para eso ha ido al colegio muchos años!

Otros saberes y vías de acceso al conocimiento tienen peor suerte. Después de pasar por el filtro social, directamente se eliminan como “spam”. No entran ni tan siquiera en la jerarquía de saberes y vías de acceso al conocimiento. Esto es lo que le sucede a la intuición como capacidad y a las intuiciones como su fruto, que ni es una vía válida de acceso al conocimiento, ni son conocimientos válidos aquellos frutos que de ella se obtienen.  Pero algo tienen que ser, porque la realidad es que existen, se muestran, así que si no se le da ese nombre, habrá que darle otro y andando. Y por darle nombres, pues se le han dado varios, despectivos siempre, de acuerdo a los estándares patriarcales de la sociedad que categoriza. Los nombres que se le atribuyen son: paranoia, imaginación, histerismo… y claro, el viejo truco de mano: por ende, las mujeres somos naturalmente paranoicas, histéricas, vemos fantasmas donde nos los hay o “estamos al borde de una ataque de nervios”.

Muchas de nosotras nos sentimos desajustadas al experimentar el estado intuitivo. La sociedad nos pide argumentos racionales, lógicos…nos pide citar a Schopenhauer para poder validar aquello que expresamos, y claro, argumentos como “no sé por qué, pero intuyo qué…”, “tengo la mosca detrás de la oreja…”, “me da la sensación de qué…”, pues mira…no sirven. Igual si hubiésemos empezado por “Spinoza decía qué…”, o “He leído a Chomsky y opina qué…” al menos nos habrían dejado terminar la frase, pero eso de la mosca detrás de la oreja, no cuela. Pero nosotras sabemos que ni Schopenhauer, ni Chomsky, ni Spinoza tienen nada que ver con nosotras y sinceramente, ante la llegada de la intuición, lo que dijeran o dejasen de decir, no importa y nada será tan claro y certero como aquello que estamos intuyendo y que ocultamos mientras tratamos de organizar el pensamiento para poder apoyar aquella intuición en argumentos sólidos, que no terminamos de encontrar y que puestos en palabras y con la inseguridad de quien sabe que “no es exactamente esto lo que quiero decir, pero algo tengo que decir para justificar mi intuición”, hacen tambalear aún más nuestra imagen de mujer lúcida que aquella cosa de la mosca detrás de la oreja.

Este desajuste que sentimos empieza a desaparecer cuándo entendemos primero por qué nos sentimos así ante una intuición, cuándo segundo, reconocemos (saliéndonos de la “hoja de ruta patriarcal”) que la intuición es una vía válida de acceso al conocimiento y tercero, cuándo nos desvinculamos de la necesidad de tener que convencer  a nadie de las razones por las cuales estamos intuyendo algo (este punto es importante…la intuición no funciona a un nivel “racional”, funciona leyendo “entre líneas”, con lo que fracasaremos siempre al intentar encontrar razones, cayendo en la trampa del que busca la prueba de nuestra “enfermedad mental”).

La intuición nos sostiene en nuestras decisiones, no alerta de peligros, nos señala caminos inexplorados, nos impulsa a poner el pie en terrenos desconocidos y a sacarlos de los ya más que conocidos. Retomar este don, hacerlo nuestro, cultivarlo, valorarlo, darle uso, no avergonzarnos ni tampoco justificarnos ante quien duda o señala como patológico esta hermosa capacidad, son paso más que importantes para retomar el sendero.

Os abrazo!

PD. Anoche intuí, con dolor, que en algunos patrones de relaciones humanas, NO  hay regla con excepción.

23 de diciembre de 2013

El aborto y la violencia contra las mujeres


Llevo días revuelta, me cuesta poner en palabras lo que siento ante la propuesta de reforma de la ley del aborto en España. Es grave, es muy grave lo que está sucediendo.  

Después de leer el magnífico artículo de Erika Irusta Rogríguez, “Cuerpos habitados: El inquilino Estado” he sentido que parte del nudo que me impedía expresarme ante este hecho con claridad, se había aflojado. Erika, en su fantástico artículo pone las palabras que me faltaban para explicar la dificultad que siento a la hora de reflexionar sobre esta reforma. Esta dificultad tiene su origen en el vislumbre de lo que está en la base de esta reforma, de lo que está en la base del aborto, del modo en que se espera que vivamos la sexualidad las mujeres, en la forma en la que se perciben nuestros genitales, nuestro cuerpo entero en esta sociedad…

La reforma de la ley es terrible, los términos en los que se expresa son definitivamente misóginos, eso lo siento claro. No hace falta decir que esta propuesta de reforma nace en mentes cuyas características ya conocemos y no necesitamos repetir. Lo que necesito analizar es el modo en que ha despertado en mi la antigua reflexión sobre lo que visibiliza el aborto. La reflexión sobre cómo las mujeres vivimos nuestra sexualidad y como nos apropiamos o no de lo que es nuestro. Y ante el vislumbre de lo que intuyo, me quedo aterrorizada y sin capacidad de poner palabras al pánico y a la desolación que siento. Las cosas no han cambiado prácticamente nada, sea cuál sea la ley del aborto que se proponga, desde que ya las feministas italianas pusiesen sobre la mesa este problema allá por los años 70.

Después de leer a Erika Irusta Rodríguez, he sentido además la responsabilidad de expresarme como doula sobre esta cuestión. He evitado hacerlo hasta ahora  en este espacio, porque soy consciente que las mujeres  que lo leéis, podéis tener opiniones diferentes con respecto al aborto, a lo que es o no una vida humana. Pero lo que esta emoción que vengo sintiendo estos días me dice, es que bajo la cuestión del aborto hay algo que a todas las mujeres nos afecta, estemos a favor o no del acto en sí de interrumpir voluntariamente un embarazo.

Estoy hablando de la relación que tenemos las mujeres con nuestro propio cuerpo. Estoy hablando de las veces que sometemos nuestro deseo al deseo del otro (otro terminado en  -O). Estoy hablando del modo en qué vivimos la sexualidad  y si estamos siempre seguras de que la vivimos en libertad, podamos o no ejercer nuestro derecho al aborto. 

Esta reforma de la ley pone por escrito algo que ya sucedía, que viene sucediendo hace muchísimo tiempo y que la revolución sexual ha dificultado su reconocimiento posterior. La reforma  pone por escrito para que no quepa duda que el cuerpo de la mujeres no pertenece a las mujeres. De esto es de lo que trata esta reforma, de recordarnos que nuestro cuerpo no nos pertenece. Ójala esta reforma no salga adelente, ójala la decisión de continuar o no con un embarazo le incumbiese solo a las mujeres, ójala el aborto no estuviese regulado y saliese del código penal…pero sobre todo, ójala que reapropiarnos de nuestro cuerpo no dependa de una ley.

La reforma de la ley del aborto pone en evidencia, al llevar al extremo las condiciones que el Estado nos impone para poder interrumpir un embarazo, algo que ya sucedía. Ya sucedía con esta reforma, con la ley anterior, o con la más anterior aún. Y lo que pone en evidencia es que nuestro cuerpo aún no nos pertenece del todo. El que las mujeres podamos abortar libre y gratuitamente es un avance sin duda que limita algo menos la capacidad de decisión de las mujeres. Pero, y trataré de explicarme lo mejor posible, el que esta reforma de la ley  ponga claramente sobre la mesa la intención del Estado de negarnos a las mujeres la tutela sobre nuestros cuerpos, no implica necesariamente que la anterior ley per se, garantizase el que tuviésemos mayor autoridad a un nivel profundo sobre ellos. Quizá incluso, invisibilizaba esta realidad al parecer que teníamos mayor capacidad de elección.

El que una mujer embarazada pueda ejercer su derecho a interrumpir su embarazo si lo desea, la coloca en una posición sin duda más favorable con respecto a la que no le está permitido por ley tomar esta decisión. Sin embargo, tanto una, como la otra, encarnan  la falta de autoridad sobre su cuerpo expresada en la violencia que supone un embarazo no deseado. Las mujeres, demasiadas veces nos sometemos al deseo masculino cediendo a una penetración sin usar métodos anticonceptivos, para asegurar el placer del varón, no necesariamente el nuestro. Muchas mujeres en estas situaciones fingen además experimentar placer. A quién le pertenece nuestra vagina? A quien le pertenece nuestro placer?  Cuántas violaciones (no reconocidas como tales) se producen a diario en la cotidianidad de la vida de las mujeres? Por qué mantenemos relaciones sexuales con penetración cuando no lo deseamos? Cada cuanto tiempo y por qué hemos de pasar por este “peaje”?

Es cierto que las situaciones que pueden llevar a encontrarnos ante un embarazo no deseado pueden ser muchas y diferentes. Es cierto que los métodos anticonceptivos fallan y es cierto que la pasión y el deseo sexual de las mujeres también nos pueden llevar a mantener relaciones sexuales con penetración sin protección. Pero intuyo que la gran mayoría de los embarazos no deseados no siguen este patrón. La mayoría de los embarazos no deseados son resultado de los modelos de relación patriarcales que expropian a las mujeres su cuerpo y su deseo y normalizan esta cotidiana concesión de nuestro cuerpo por nuestra parte, en nombre del amor o de la libertad sexual.

La reforma de la ley evidencia la violencia estatal contra las mujeres, la evidencia claramente. Una ley más permisiva, continúa evidenciando esa violencia porque aún es el Estado es el que “nos da el permiso” para tomar una decisión sobre nuestro cuerpo, pero invisibiliza la violencia que somete a las mujeres a la posibilidad de un embarazo no deseado.

Necesitamos que no se regule el aborto, no debe ser el Estado el que de permiso o no lo de. El aborto no debería ser legalizado, sino despenalizado. En este tema, el Estado no debe tener opinión. Esta decisión no debe ser sometida ni a juicio ni a valoración de nadie que no sea la mujer que se encuentra en dicha situación. Pero por otro lado, urgentemente, las mujeres hemos de reapropiarnos a un nivel profundo y verdadero de nuestro cuerpo, de nuestro deseo, de nuestra capacidad de gestar, de nuestros orgasmos, de nuestra forma de obtenerlos y hablar, poner sobre la mesa la violencia anterior en el tiempo al obstáculo legal para acceder al aborto, la violencia que se ejerce a diario en la exposición de las mujeres a un embarazo no deseado para satisfacer un deseo que no es el suyo.